Como una de las principales contradicciones del
sistema económico está la situación del desempleo y subempleo en las
generaciones jóvenes (entre 15 y 25 años). Descrita como la necesidad básica de
cualquier persona joven de trabajar para lograr sus objetivos y su proyección
social (ser productivos, independencia, vincularse a la sociedad, ayudar a la
sociedad, etc.), pero que contradictoriamente la situación del mercado laboral
actual no permite que se logren captar a la totalidad de estas personas,
simplemente se puede decir que la contradicción radica en que todas las
personas necesitan trabajar para vivir, pero el mercado laboral no necesita de
todas las personas para producir, situación que empeora si la economía se
mantiene débil e informal como sucede en Guatemala.
El desempleo de los jóvenes constituye un verdadero
derroche de recursos humanos, que a la larga perjudica tanto a los afectados
como a sus familiares. Este fenómeno suele ir aparejado con un crecimiento de
la criminalidad y la aparición de grupos desfavorecidos que generalmente tienen
sus propias reglas y formas de subcultura.
En el otro extremo del espectro, también aumenta la
proporción de trabajadores de mayor edad que son excluidos del mercado de
trabajo. Por cierto, no todos los trabajadores que se retiran de la vida activa
lo hacen voluntariamente. El gran movimiento de reestructuración empresarial y
reducción de plantillas registrado hacia fines del decenio de 1980, estimuló
los despidos colectivos de trabajadores mayores, cuyas remuneraciones son más
elevadas en aquellas empresas cuya escala salarial se basa en la antigüedad y
no en la productividad.
Ante estos problemas, el dilema básico de la política
de los Estados se plantea entre la utilización de la jubilación anticipada
(como mecanismo de alivio al desempleo entre los jóvenes), y la viabilidad
financiera a largo plazo del sistema de pensiones.
En esencia es un problema mucho más complejo que solo
la falta de inversión privada, o aumentar la calidad educativa ya sea pública o
privada (ya que no precisamente tiene relación la calidad de educación con la
disminución del desempleo), o simplemente dar incentivos fiscales o económicos
a empresas ya sean pequeñas, medianas, transnacionales o multinacionales, como
se hace creer en los foros de las elites empresariales guatemaltecas.
Esta situación tiene efectos tanto económicos como
sociales peligrosos para la gobernabilidad y sostenibilidad de nuestras
sociedades en el corto, mediano y largo plazo.
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